jueves, 27 de septiembre de 2012

Arena y hojas secas.

Vuelven esos terribles ecos
y silencios de acantilado rocoso.
Las arenas blancas que quemaron nuestros pies
se marcharon con los vientos y quedaron cubiertos
por las hojas muertas de equinoccio triste y gris.
Quedamos marcados por las lluvias frías
y el aire gélido que curtió nuestra piel
La lejanía reverbera contra el vacío
y el vacío choca con el tronador estruendo de la vida
y contra rumores de luz de corredor e infancia.

Amor y risas latentes bajo mantos marrones y secos;
meses muertos, ajenos al sentimiento,
aferrados a una belleza relativa,
inversa e introvertida,
disfrutada por pocos,
alabada por nostálgicos del dolor
y el olor del caucho y del parque,
y poetas de alma rota
que ansían la muerte perfecta
y el renacer del solsticio,
y de la arena que quema
y de las heridas en los pies.

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